miércoles, 17 de noviembre de 2010

La niña del lazo rojo suspiraba embelesada mirando desde lo alto del murillo al chico de ojos azules. Soñaba con besos, caricias, sonrisas al oído. Dormía pensando en él, despertaba pensando en él.

Le observaba en el patio, jugando con su pelo, con mirada traviesa y enamorada. Su lazo rojo contrastaba con su pelo negro, y sus ojos grises sólo estaban llenos de ternura. Sus manos diminutas se perdían entre algunos mechones; y su boca, jugosa, no podía más que sonreír.

Se propuso hace ya tiempo, dormir con el chico de sus sueños.

Y hoy, justo ese día, podría por fin cumplir aquella promesa.

Le vio entrar por una de las puertas del lateral del edificio. Entró detrás de él, en una sala vacía. Sigilosamente, fue acercándose al espacio que guardaba la más remota de las puertas, abierta para ella.

Escalón a escalón, fue adentrándose en una estancia que la recibió con una iluminación de ensueño poblada de mil velas.

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