miércoles, 25 de agosto de 2010

Humo Atropellad0

Fumaba tumbada en el suelo. Sin pensar, sin querer, sin abrir los ojos ni un momento.
Dueños de la nube que allá lejos los observaba a ella y a su cigarro, como ambos se desacían en pedacitos de aire tan finos que las sabanas que los cubrían no sabían colocar en la cama de los sueños inventados en atardeceres de película.
Cuando menos se lo esperaba, un grito, un susurro, o incluso un lindo suspiro viajaban hacia sus oidos para deleitarla con la suave música de la vida. Dolida, daba otra calada, y observaba el humo removerse entre la spartículas de aire que la rodeaban y atrapaban en el cesped del jarrón.
Porque los duendes sueñan con despertar y dejar de ser duendes. Y los pitis, alivian las penas y los tormentos de ideas que no saben escalar.